Cada día nuestros alumnos utilizan con más asiduidad los servicios de nuestra biblioteca: consultan enciclopedias, elaboran trabajos, estudian, leen y utilizan los ordenadores.
El espacio con el que contamos cada vez queda más y más restringido y se nos hace más y más pequeño.
Si tenemos suerte y en los recreos tenemos un bonito día soleado, todos preferimos pasear por el patio, pero si llueve buscamos el cálido refugio de nuestra biblioteca para pasar un agradable rato leyendo, hojeando revistas de divulgación o entrando en páginas disponibles en Internet.
Si tenemos suerte y en los recreos tenemos un bonito día soleado, todos preferimos pasear por el patio, pero si llueve buscamos el cálido refugio de nuestra biblioteca para pasar un agradable rato leyendo, hojeando revistas de divulgación o entrando en páginas disponibles en Internet.
Y ahora surge el problema: no tenemos espacio. Ni mesas disponibles para todos. También el número de libros cada vez es mayor y los estantes no han sido ampliados, de modo que tenemos volúmenes agolpados en hileras superpuestas unas tras otras.
Los libros del fondo apenas se ven, y no digamos nada de la dificultad que entraña acceder a los libros del "armario empotrado". Parece que estemos en una "Misión Imposible". Hemos de pensar soluciones. En ello estamos.